Bienestar Vs. Crisis
La progresiva implantación en España –desde los años 60 hasta la actualidad- del Estado del Bienestar ha generado una sociedad de ciudadanos hedonistas, individualistas, materialistas y fuertemente irresponsables. Cuando digo irresponsables quiero decir que les cuesta mucho asumir cualquier responsabilidad, que no admiten ser culpables de nada y que siempre derivan la responsabilidad: unas veces al Gobierno, otras al vecino, otras al compañero de trabajo, otras a su pareja.
Por desgracia (o por suerte), parece que dicho Estado benefactor ha llegado a su fin. La crisis económica ha llamado a la puerta y podría quedarse mucho tiempo con nosotros. Al margen de los efectos no deseados que produzca en nuestras carteras, la desaparición de ese modelo de Estado y su pareja de baile –la crisis- pueden producir otros efectos mucho más graves. Una sociedad de ciudadanos pasivos, cuyo mayor afán suele ser conseguir unas vacaciones en Punta Cana o en Benidorm, cuyas máximas de vida suelen ser trabajar poco, comer mucho, presumir de casa, coche, hembra y, si se tercia, apartamento, una ciudadanía aferrada al momento, con la idea de que Papa Estado nos resolverá la papeleta con el Paro o cualquier otra subvención, esa ciudadanía se va a encontrar sin defensas para afrontar el choque que represente el desempleo masivo, la ausencia del subsidio de desempleo y la inflación y los tipos de interés elevados.
En esta España de bulla y pandereta, de gambas y tocino, de “a vivir que son dos días”, la Crisis puede dejar helado hasta al jefe del Cambio Climático. Y ya puestos a helar, sería interesante ver el helado rictus de ZP (cejas incluidas), y las heladas arrugas de Madame Rottenmeier de la Viga cuando la Crisis -¡oh, cielos!- no se pueda esconder.
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